El preso numero nueve era un hombre muy cabal
Iba el noche del duelo, muy contento a su jacal
Pero al mirar a su amor, en brazos de su rival,
Ardió en su pecho el rencor y no se pudo aguantar.
Al sonar el clarÃn, se formó el pelotón
Y rumbo al paredón, se oye al preso decir: